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martes, noviembre 28, 2006

Sueño mágico en un bosque mágico...

Han pasado ya varias noches desde aquella noche, unas cuantas semanas para ser más justo. Desde entonces espero en vano otra noche como aquella, para comprobar si aquello ocurrió realmente o si fue simplemente un sueño, un sueño mágico en un bosque mágico.

Un frío invernal se apoderaba de aquella noche de otoño, yo volvía de una fiesta, estaba cansadisimo. Solo el bosque me separaba de mi querido hogar. Era una noche oscura recuerdo, los faroles que iluminaban el camino del bosque no funcionaban y como por si eso fuera poco, una espesa bruma lo abrazaba. Dos opciones tenía, una era rodear el bosque hasta llegar a casa, pero eso era muy largo y la otra opción era atravesarlo. En ese momento el cansancio pudo más, me armé de valor y me dispuse a cruzar mi tan querido, pero tenebroso bosque.

La oscuridad, la bruma y un silencio casi absoluto, me hicieron recordar el significado de la palabra miedo. Es curioso, el miedo no se fundaba en haber escuchado algo, en haber visto algo, si no en todo lo contrario. Es esa sensación de que el silencio ya no puede soportar más y que es cosa de segundos esperar que algo lo rompa, lo que me atemorizaba. Por suerte la razón fue buena compañera y me hizo auto-convencerme de que nada extraño pasaría, que el camino a recorrer no era tan largo y que bueno, los fantasmas, los muertos vivientes y esas cosas, eran solo cosa de películas. Y pues así fue, más rápido que nunca, ya había atravesado el bosque, solo quedaba rodearlo por unos minutos más y ya estaría en casa.

Ya casi marcando el código para entrar en la residencia, me detuve a admirar el hermoso paisaje que había dejado atrás... jamás pensé que el bosque podía verse tan lindo envuelto en la bruma. Pensé en ese minuto que sería buena idea tomar algunas fotos para compartir en algún momento con los amigos, y para que en tal circusntancia no se dijera que era un cobarde, decidí adentrarme una vez más en el bosque, lo suficiente como para obtener mejores fotos.

Caminé esta vez hacía el otro lado... ya tenía todo listo para tomar la foto, pero la camara extrañamente no quería funcionar. Me senté en el borde de un árbol para ver si podía solucionar el "problemita técnico"... fue en ese momento en que creo comenzó todo. Primero me vino una sensación de paz máxima, luego el ya postergado sueño hizó lo suyo... no recuerdo bien, pero supongo que fue el frío lo que me "despertó", ahí estaba, a los pies de un solemne árbol, el viento me había cubierto de hojas secas... semi-dormido, semi-despierto, no lo sé muy bien, pero lo que en ese momento veía era increíble. El bosque mutaba!!!. A los ya númerosos árboles del bosque, que por cierto, casi conozco de memoria, se sumaban emergíendo desde el suelo, centenares de árboles semi-transparentes... algo así como un bosque fantasma. Eran quizás los espíritus de antiguos árboles caídos, pasado y presente perfectamente superpuestos, no lo sé, pero el bosque cobraba una potencia inimaginable. Y yo???... yo no tenía miedo, más bien me sentía feliz, más liviano... hasta semi-transparente. Corrí, reí, trepé árboles (de los normales y de los otros)... jugué con las hojas secas, por momentos me sentí volar. Después de tanta algarabía, el sueño volvió a mi en el lugar de partida, sí, al lado del solemne señor árbol... como ya me sentía parte del bosque, decidí dormirme ahí... me acomodé entre hojas secas (ahorrandole trabajo al viento) y me dormí... no sé cuento tiempo pasó, pero aparentemente el frío volvió a despertarme. Ya no habian árboles semi-transparentes, ni yo me sentía liviano. Decidí volver a casa y creer que como en las películas, todo había sido un sueño, un sueño mágico en un bosqué mágico.

lunes, julio 24, 2006

En colores ajenos II

El escenario se presentaban así: mi vecina de al lado alguna vez me mencionó que le gustaba escribir, que hasta tenía un cuadernillo de poemas (cuadernillo que de hecho prometió mostrarme algún día,... día que aún espero con ansias). Con respecto a la pareja de al lado, pienso que ella escribe, aunque jamás me ha hecho mención al respecto (tiene una pinta de artista que no se la puede); por el contrario, su esposo no tiene pinta de que le guste escribir, él es más bien de leer el diario y llenar los puzzles que ahí aparecen, eso lo sé con certitud, pues todos los días al llegar de la oficina pasa a pedirme el diario del día, como yo lo leo por la mañana, eso no me hace ningún problema, hasta siento que un favor me hace, pues me carga juntar papeles sobre la mesa...a todo esto, espero que no sé enoje cuando sepa que hoy no se lo tengo. De la pareja de arriba, la verdad es que se puede esperar cualquier cosa, los dos son bien multi-facéticos, me cansaría enumerando el sin fin de cosas que les gusta hacer. En cuanto al muchacho de abajo, podría apostar a que escribe, no porque me lo haya dicho, en realidad es bien reservado en cuanto a sus hobbies, pero es un tipo de un vocabulario impresionante, tal vez sea que lee mucho, pero no sé...algo me dice que en sus ratos libros escribe.

Teniendo ya el escenario bien en mente, en un abrir y cerrar de puertas me encontré con 5 frascos de tinta en la mano, uno verde (de la vecina de al lado), uno violeta y otro rojo (de la chica con pinta de artista), uno azul (del muchacho de abajo) y uno casi vacio con tinta negra (de los vecinos de arriba, por lo visto ellos escriben harto).

Con la misión ya cumplida no faltaba más que escribir, pero la verdad no me sentía muy a mis anchas, por un lado las tintas de colores me sacaban del estado neutro en el que pretendía salir a la caza de aquella fugaz idea, y más bien tanto color actuaba como imán para nuevas ideas, lo que en principio no era malo, pero yo no quería cualquier idea, yo quería esa idea...esa idea por la que me encontraba en ese momento sentado, apoyado en un escritorio lleno de hojas blancas. Por otra parte, al frasco de tinta negra le quedaba tan poquito, que de alguna manera le restaba libertad de expresión a la idea aquella.

A esa altura ya no sabía que pensar, tal vez todo había sido un simple capricho....quizás me inventé la idea de esa idea loca-fugaz...quizás tan solo quería un pretexto para quedarme en casa, para tener un desayuno diferente, para darle los buenos días a mis vecinos, para interactuar un poquito más que de costumbre con ellos...quizás tan solo quería demostrarme que podía darle un nuevo rumbo a mi vida, así, casi sin razón aparente...quizás tan solo pretendía desmarcarme de esta racionalidad,... quizás por un momento en mi vida quisé impregnarme de los colores de los otros... es que tal vez la idea en realidad no era tal, quizás más bien se trataba de una pregunta disfrazada de idea, una simple pregunta que no era necesario de retener para poder responder, una pregunta tan simple como: "porqué no dejar nacer mi arcoiris en colores ajenos???"...

p.d: Será que en realidad solo quería verle la cara a mi vecino al decirle que hoy, hoy no le tenía el diario???...este día para él, tampoco será uno promedio...jejeje.

jueves, julio 13, 2006

En colores ajenos I

Siempre he pensado que para que un día deje de ser un día más a marcar en el calendario, no se necesita mover montañas, si no tan solo un poquito de suerte (de la buena o de la mala), un segundito más aquí, un segundito más allá, pueden bastar para cambiarle el rumbo a una jornada promedio. Sin embargo, nunca pensé que esto podía ir tan lejos, lo que me ha pasado hoy, pues simplemente escapó a mi imaginación.

Bajaba las escaleras en el rito habitual de comprar el diario que acompañaría el cotidiano café con tostadas, estaba por dejar el último peldaño atrás cuando una idea fugaz pasó por mi cabeza...mmmh, demasiado fugaz...tan fugaz que no supe (y no sé) que diablos era esa idea, pero...pero me quedó una sensación, como que me dieron ganas de respirar más profundo, me sentí más liviano diría....podría decir que la idea me dejo motivado, pero motivado a que???...mmmh, pensé un rato, estudié la sensación y descubrí, o más bien me convencí de que estaba motivado a escribir, pero a escribir que???...supongo que sobre la idea, pero ya no la recuerdo, nunca la recordé...era una idea sin memoria, una idea que sin dejar huella me dejo un halo de motivación, un halo de motivación a escribir sobre ella...a escribir sobre...mmmh, ni idea.

Finalmente me olvidé del diario, y subí por las escaleras...el día comenzaba a dejar de ser promedio...no diario para el desayuno, no ascensor para subir...mmmh, tendrá tostadas esta mañana???...pues tostadas hubo, y café también, no hubo lectura, pero no hacía falta, tenía suficiente con pensar en una idea que no recordaba. Pensando y pensando se me agotaron los cinco minutos de adelanto con que salgo todas las mañanas al trabajo, pero seguí pensando... pensando en que???... en la idea pues... en que idea???... pues en esa de la que no me acuerdo.

Sabía que la idea me había motivado a escribir, y dadas las circunstancias estaba claro que no partiría al trabajo sin haber escrito antes lo que esa idea quiso impulsarme a escribir, pero como no sabía que era eso, pues primero tenía que averiguarlo...ya me había tomado: el desayuno, mis cinco minutos de adelanto y otros cinco más en averiguaciones...estaba claro, esto tenía para rato...y en el trabajo no iba a trabajar teniendo esto en la cabeza...decidido, hoy no iba al trabajo, después de todo, este día ya estaba lejos de ser uno promedio.

Llamada al trabajo, enfermedad inventada...ya nada se interponía entre la idea y yo, salvo el recuerdo. Recuerdo que tuve una idea, pero no recuerdo que idea, recuerdo que me motivó a escribir, pero no sé que....ahhh, me voy a volver loco!!!.

En medio de todo el lío tuve un momento de lucidez, y pensé que sería bueno si quería escribir, tener a mano todo lo necasario... dicho y casi hecho... escritorio, hojas blancas, la pluma y laaaa... tinta... la tinta, donde está la tinta???... mi adorada tinta negra, no estaba por ninguna parte...busqué y busqué, pero no la encontré...y ahora que???...mis vecinos!!!, si mis queridos vecinos, alguno de ellos debe tener tinta.

Mis vecinos son un cuento parte, y cuando hablo de vecinos me refiero a mis vecinos de al lado (de un lado una pareja, del otro una chica), los de arriba (otra pareja) y el de abajo (un muchacho)...al resto (los del pasillo), se podría decir que no los conozco, con ellos no comparto ruidos, ni silencios, por lo tanto es como si no fuesen mis vecinos.

continuará....

sábado, mayo 20, 2006

La primavera del siglo...

Aún en medio de un gris y frío invierno, todos hablaban de la primavera que se acercaba. El rumor de una primavera grandiosa, la más grandiosa de todos los tiempos, crecía con fuerza en las calles parisinas. Algunos decían incluso que no quedaría alma sin enamorarse, que la alegría inundaría corazones, ahogando penas y amarguras.

Eran los últimos días de invierno, paseaba por una calle cualquiera... gente gris, caras grises, edificios grises...cielo gris, miradas grises, pensamientos grises, todo gris...todo gris, hasta que un tímido rayo de sol, asomó desde el cielo desnudando colores a su paso...las caras grises se pintaron una sonrisa, las miradas reflejaban el rayito de sol...primavera!!!, primavera!!!...todo el mundo estaba feliz, pues la primavera comenzaba a mostrarse...no cualquier primavera, la primavera más grandiosa de todos los tiempos...

El espectáculo del rayito de sol unido a la expectación creciente, y a los proféticos rumores acerca de la primavera que venía, causaron tal revuelo, que el rumor se extendió a limites insospechados, todos sabían lo que le esperaba a Paris...todos querían ser parte de esa primavera, de esta primavera...todos querían enamorarse, todos querían nadar en los mares de la alegría, todos querían vestirse de primavera.

El cielo comenzó una dura batalla contra el gris, los árboles se llenaron de brotes en una semana. Dos semanas más tarde los bosques lucían verdes y frondosos. Frente a tan frenético avance, hasta los más escépticos comenzamos a creer. Todos convencidos, nadie estaba dispuesto a perderse el espectáculo. Ese fue el problema...ese es el problema hasta el día de hoy... las nubes, el viento, el frío, la tristeza, la soledad, el desamor...todos querían, todos quieren ser participes de esta tan particular primavera.

Por cierto, los protagonistas de siempre no quieren ceder su papel. En medio de la lluvia, cientos de rayitos de sol se cuelan, primero entre las nubes y luego entre los frondosos árboles, para finalmente dibujar sombras enamoradas sobre la tierra húmeda. En medio de tormentas de viento que agitan las copas de los árboles , una tibia brisa me recorre agitando mi corazón. Podría parecer una guerra, pero no lo es...todo se mezcla en armonía...para todo hay espacio y eso me lo dejó en claro el viento, que en medio de la mencionada tormenta, nos regaló una nevazón de primavera, donde en lugar de copos de nieve, caían las florecillas de los castaños, donde en lugar de truenos, se escuchaba al viento azotar a los árboles, simulando el sonido de las olas al reventar en los roqueríos.

Quizás no era lo que la gente esperaba, muchos estan decepcionados, y sin embargo yo... yo estoy feliz, maravillado, creo que será difícil tener una primavera igual. Qué más hermoso que ver a la primavera jugar enamorada con el invierno...qué más hermoso que ver bailar a los árboles al ritmo de la deliciosa melodía del viento...qué más hermoso que ver a la tristeza florecer y transformarse en alegría...qué más hermoso que aceptar las cosas como son y disfrutarlas a concho...

La primavera llegó, los pajarillos se levantan temprano a ensayar las notas más complicadas... ya no es tan fácil como antes, pues hay que acoplarse bien al sonido de la lluvia, al susurro del viento, a la risa de los niños. Es primavera y ahogarnos en los mares de alegría no es solo responsabilidad de ella, es también nuestra, primero tenemos que perder el miedo a ser felices, luego tenemos que perder el miedo a dejar de nadar...finalmente sumergirnos y dejar que el resto pase como tiene que pasar...

lunes, marzo 20, 2006

Ella y él

Era un domingo más, uno como cualquiera desde hace ya más de treinta años, o eso parecía. Ella hacía el aseo mientras masticaba la cotidiana, no por eso menos tormentosa, pregunta de que hacer de almuerzo, él regaba el patio mientras saludaba a los vecinos que pasaban, más de alguno le tiró una talla aludiendo a que eso era solo el comienzo de las consecuencias de la llegada de una mujer a la Moneda.

En realidad no era un domingo más, era el último domingo de verano, el olor a tierra mojada transportado por una fresca brisa lo recordaban. Sería eso una razón suficiente para hacer un asadito???...para él si lo era, bastaba saber si vendría el hijo, la nuera y las nietas, eso en realidad era suficiente razón, verano o invierno daba igual ....ahhp, y la mamá (la mamá de ella, aunque él también le decía así), a ella también habia que avisarle.

Ella aún hacía el aseo (la geometría del parquet no es del todo óptima a la hora de pasar la virutilla), él hacía los llamados respectivos, la mamá no vendría, el hijo, la nuera y las nietas tampoco, era tarde ya para visitas sorpresas y el otro hijo estaba demasiado lejos. Ella terminaba el aseo y él refunfuñaba con la soledad. Ella le preguntó que hacer de almuerzo, él iba a responder lo primero que se le viniera a la cabeza, pero entonces la miró...la miró y comprendió que no estaba solo, que desde hace algún tiempo ya no se sentía solo estando con ella, pensó en el asado, pero era mucho trabajo para compartirlo solo entre ellos, era domingo y había que descansar...pollito asado!!!, vamos a comprar un pollito asado respondió. Ella fue a la vitrina a buscar un billete para pasarle, hasta ahí era lógico, era él quien iría a comprar el pollo, de él era la idea, pero él estaba ahí esperandola, a ella y no al billete, fue entonces que comprendió, habían pasado tantos años, años de amargos desencuentros, había detestado con todo su corazón los domingos, pero ahora...ahora y desde hace algún tiempo era diferente, ahora lo entendía y en su corazón se esbozaba una sonrisa. Lo miró, guardó el billete en su monedero y le dijo vamos.

Caminaron de paso firme, pero no apresurado, conversaban de lo que viniera, no iban de la mano, pero iban más juntos que nunca pisando pisadas, y los otros, su hijo, su nuera, sus nietas, la mamá y yo, pisabamos las suyas seguros de ir esta vez por el buen camino.

martes, febrero 14, 2006

El baúl de los no recuerdos

Era uno de mis últimos paseos por la vieja plaza y lo sabía, ese lugar era sinónimo de recuerdos para mí y me dolía profundamente aceptar que lo más probable era que ya no lo vería más. Como buena tarde de domingo, la plaza desbordaba de niños, unos jugando una pichangita, otros jugando a la pinta o al pillarse (o algo del estilo), los menos preferían el balancín, el resbalín o trepar por algunos de estas especies de enrejados de tubos, los más chicos jugaban haciendo cerritos de arenilla (tal vez no eran cerritos, quizás se trataba de alguna obra de fina repostería), los jovenes jugaban ping-pong en alguna de las mesas disponibles, y bueno, no faltaba la pareja de pololos adornando la escena.

En ese momento quería grabar tanto recuerdo como se pudiera en mi cabeza, curiosamente ante esta necesidad y como un acto reflejo, cerré mis ojos y al hacerlo comprendí porqué. Parado con los ojos cerrados podría haberme imaginado en cualquier otro lugar, pero no, eso era imposible estando en la plaza, las voces acopladas de los niños, los gritos de las madres intentando imponer sus reglas, la pelotita de ping-pong golpeando secuencialmente la mesa y la paleta, un grito de gol, el cuchicheo de los pololos, el cantar de unos pajarillos, el ruido de unos autos que pasan y el silencio que todo eso producía en mí, eran señal inequívoca de que estaba en la plaza, en mi queridisima plaza.

Una vez los ojos abiertos, y ya un poco cansado de miradas panorámicas, detuve el tiempo para buscar algo que me llamase la atención. Todo parecía tan de domingo en la plaza, que la busqueda fue un poco larga, pero finalmente, justo en frente mío, a un par de metros de distancia, encontré lo que estaba buscando. Dandome la espalda, sentados en una banca estaban un abuelo y su nieto (de unos seis años), la verdad en cierto modo no parecian abuelo y nieto, más bien parecian un par de abuelitos conversando acerca de la vida. A partir de entonces, me pusé a escuchar con detención lo que conversaban. El abuelo le contaba de toda la emoción que había sentido al verlo nacer, emoción que volvió a sentir el día en que lo vió caminar por primera vez, y cuando aprendió a decirle “tata”. El niño un tanto confundido le pregunto porqué él no se acordaba de eso. El abuelo respondió como si hubiese esperado toda la vida esa pregunta, le dijo algo así como “así como en la escuela estas aprendiendo a leer y a escribir, tu cabezita, dueña de recuerdos, ideas y todo cuanto te puedas imaginar, necesita de tiempo para aprender a recordar. En los años en que aprendias a hablar y a caminar, tu cabezita aún no tomaba suficientes cursos de recuerdos...”. El niño no menos confuso le pregunto si en un par de años más se acordaría de esta conversación, a lo que el abuelo le contestó que jamás la cabeza tomaba suficientes cursos de recuerdos, de modo que uno siempre olvidaba cosas, pero que a partir de cierto momento uno aprendía a recordar tanto como fuese necesario. Entonces, el niño preguntó donde se iban las cosas que uno no recordaba (buena pregunta me dije yo en ese momento), el abuelo respondió que todo lo que uno no recordaba se iba al baúl de los no recuerdos.

El abuelo decía que el baúl de los no recuerdos se encontraba en medio de un mar de llaves, todas muy parecidas, pero jamás iguales. Solo una de entre todas las llaves, tenía el poder de abrir dicho baúl. Según el abuelo, una vez que se abría el baúl una luz enceguecedora obligaba a cerrar los ojos. En ese momento todos los no recuerdos pertenecientes a la persona que abría el baúl, se alistaban en un orden cualquiera y comenzaban a pasar fugaces por su cabeza, no recuerdos en forma de imágen, sonido, sentires, etc.. La persona atacada por esta lluvia de no recuerdos muchas veces lloraba, al mismo tiempo que reia. Emoción, impacto, alegría... todas las sensaciones que uno pudiese imaginar eran potencialmente conjugables durante este temporal. Cuando el último no recuerdo hubo pasado, todos volvían al baúl, y a ellos se sumaba un nuevo no recuerdo, el no recuerdo de los no recuerdos. Entonces el baúl se cerraba enviando la llave al fondo del mar al cuál pertenecía. Recién en ese momento la persona podía abrir lo ojos, sin recordar nada de lo que venía de recordar, solo recordando el baúl, la sensación de haber recordado y en ocasiones un poco de alegría o pena inexplicable. A la hora de buscar el baúl para mostrarlo a otras personas o eventualmente para volver a utilizarlo, la victíma de sus poderes se daba cuenta de su ausencia. Los únicos enterados del nuevo camino hacia el baúl siempre serán los no recuerdos.

Ahí estabamos el abuelo y yo, sentados en la vieja banca, felices de que aquella conversación de hace ya casi veinte años, no se hubiese ido al baúl de los no recuerdos.

P.d: Este escrito va para mis abuelos (Papá de mi papá y papá de mi mamá), a los que por demorarme tanto en nacer, no alcanzé a conocer.

P.d: La pintura es de la pintora argentina Adriana Pascucci y se llama "recuerdos olvidados".

domingo, febrero 12, 2006

Maestro!!!....y el bandoneón!!!???

Ahí estaba ella, en medio de aquella pista inmensa que es la vida, vestido negro ajustado a su figura, tajo al lado, sus piernas largas en medias de encaje negro, taco alto marcando la postura, pañuelo en sangre anudando su cuello, pelo firmemente tomado, y su mirada fija en alguna parte. Yo sentado en una esquina jugando al seductor, cigarro en mano, un brazo sobre la mesa, el otro sobre una pierna, en fin, mi mirada en ella. Un bandoneón evidenciando el sentimiento, un contrabajo impulsando el movimiento. De pie, paso firme hacia ella...un último paso, mi mano bajando por su espalda invitando a matar las distancias, dos miradas que suben al cielo para encontrarse en un golpe de luz, dos miradas que siguen su camino, la mia buscando el escote de su espalda, la suya fija en alguna y ninguna parte. Su cabezita de angel apoyada entre mi hombro y mi mejilla, nuestras manos jugando a reconocerse, sus piecesitos en punta, su cuerpo buscando el mio.

Un violin recordando el dolor de oscuras noches de mentira y soledad, un arpa conciliadora ilusionando con un último tango infinito. Zapatos de suela dibujando un dulce poema de amor, la persigo en caminata bonaerense, pero sus miedos junto con el bandoneón esconden el sentimiento. Maestro!!!...que pasa con el bandoneón!!!??? ... Un, dos, tres, piano traicionero tejiendo una amarga separación. Un violin desgarrado se alinea esta vez con mi dolor, otros dos lo hacen con el de mi angelito. En la desesperación un remolino, dos, tres giros, su pierna jugando indiferente alrededor de la mía. Ella quiere jugar el juego que se supone yo jugué con ella.

Contrabajo a contraluz...luz, un haz de luz se lanza a colarse entre nosotros, la distancia ya está hecha, nuestras manos se dan una última mirada, su cuerpo ya no busca el mio y mi mano pierde aposento en su espalda. Mi mirada buscando la suya, la suya que baja...un, dos, mediogiro y una lágrima negra que me da la espalda...tres, cuatro, la crónica de un piano feliz...cinco, seis violines desconsolados me acompañan viendola partir...siete, ocho y un borrachito en la barra que grita “maestro!!!...maestro!!! y el bandoneón!!!???...

(p.d:La foto es de la pintora argentina Cristina Bergoglio)

lunes, febrero 06, 2006

Trio Ternura [I]

Relatar ciertos episodios de mi vida, por embarazoso que pueda resultar, no me causa gran dificultad, pero describirme, decir quien soy, decir que quiero, vaya que me cuesta, sin embargo, es una pregunta que me hago frecuentemente. Después de todo poder responderse este tipo de interrogantes facilitaría muchas decisiones, el camino a recorrer sería menos oscuro y complejo. Ahora bien, estancarse con ese tipo de preguntas, podría eventualmente complicar y oscurecer aún más las cosas y peor aún, no dejarnos ver las cosas bellas que el mundo nos regala a cotidiano.

Hace unos minutos y envalentonado por la música que escuchaba, el niño vestido de arcoiris me “sopló” una manera esquemática de presentarme y de paso presentarlo. En matemáticas frente a un problema complicado, una posible estrategia sería ver si el problema en sí, puede subdividirse en sub-problemitas de apariencia más simple, y luego ver como conjugar las respuestas de cada uno de estos sub-problemitas par dar lugar a una solución del problema inicial. En este espíritu, a la hora de describirme (simplificando enormemente el problema), diría que mi personalidad, mi forma de ser, mi forma de sentir, mi forma de vivir es una suma (con pesos que varían en el tiempo) de tres grandes formas, formas que representaré por tres niños, tres niños idénticos, el primero vestido con tunica blanca, de cara lavada, un tanto seria, pero resplandeciente, el segundo vestido de arcoiris, de cara sonriente y las manos un poco sucias de tanto jugar con tierra, el tercero vestido con ropas oscuras, y una capucha que le esconde la cara. Describir a cada uno de ellos por separado distará mucho de describirme a mi, justamente, he ahí la dificultad...saber como se conjugan, como se mezclan, como juegan entre ellos, eso, eso es lo que hace la diferencia y me diferencia (estos tres niños conjugados de otra manera, darían muy probablemente lugar a otra persona muy distinta a mi).

Durante mi infancia, el niño vestido de blanco absorbía la mayor parte del tiempo al resto, estudioso, buenito, obediente, tierno en la imagén, casero a rabiar, malo para las actividades fisicas, un tanto enfermizo y muy, pero muy tímido, se robaba el corazón de las profes de la escuelita, ponía chocho al papá y contenta a la mamá, eso por el lado bueno, por el lado malo, era uno de los llamados a jugar al arco en las pichangas de barrio y de la escuela (no exactamente por ser un gran arquero). El niño vestido de arcoiris, por el contrario disfrutaba mucho de hacer pasteles de barro, de jugar con autitos, y en general de jugar con sus primos, dibujar y “hacer inventos”. El niño de vestimentas oscuras prefería su mundo, la soledad, jugar con soldaditos de plástico, experimentar con hormigas, arañas y otros bichos, y por cierto, ante situaciones que el consideraba injustas, esperaba la hora de acostarse, y una vez que la luz se apagaba conversaba en silencio con su única amiga, “la almohada”, quien en muchas ocasiones lo vio ponerse rojo de rabia y otras tantas le sirvió de pañuelo de lágrimas.

Durante la adolescencia, el niño vestido de blanco mantuvo protagonismo, aunque el niño de arcoiris se aparecia en público de vez en cuando para no dejarme desaparecer entre medio de la multitud. El niño de prendas oscuras comenzó a ganar espacio y tiempo, pero siempre en soledad, de preferencia con la almohada cerca y con poca luz.

Hoy en dia, creo que los tres han tenido sus momentos de protagonismo y me gustaría precisar, que al niño vestido de blanco, a pesar de ser el más responsable, le está costando levantarse en las mañanas, que el niño de arcoiris, a pesar de ser el más carismático, en realidad le gustan mucho las luces, y que el niño de ropas oscuras, si bien oscuro, es muy tierno y lo quiero mucho.

Continuará...